3/10/2019

Patrimonio: lo humano

Hay algo que nos une a los lugares donde nos desarrollamos y usamos del tiempo sus mediciones para abarcar un esbozo de vida que va en proceso. Las calles, pues, son a su vez circunstancia de la ciudad; los edificios que de ella se yerguen, los pasos que pisan momentáneamente las losetas de piedra: los ojos que se fijan, momentáneos, a la forma de la nube que está siendo amedrentada por su propio devenir. 

Hace dos días vino a Guanajuato una especie de evento deportivo que intenta reunir una escena de deportistas de varias partes del mundo. Todos los pormenores del evento los desconozco, (mejor dicho, lo ignoro ). El evento se hace llamar Rally; "El Rally" más bien. Y es tan insulso como suena. (Aquí es donde aclaro que lo que estoy a punto de decir puede ofender las sensibilidades (como si pudiéramos definir si puede haber una cierta experiencia estética viendo pasar algunos cuántos carros (decorados a detalle, ejemplo de la opulencia sana) unas dos veces en el día, mientras el sol quema, y las cosas se tornan "dignas" para recibir al mundo entero) de algunos que piensan que dentro de las actividades de índole lúdica deben de respetarse las subjetividades, lo que quiera que eso quiera significar en su momento oportuno). Vaya, el problema no son los múltiples camarógrafos que ponen a foco a esos hombres, en su mayoría caucásicos, que hacen del centro, de sus escasos callejones, el único modo de acceder a estas otras realidades, ajenas, objetivadas por serlo;que suceden todas todo el tiempo, y se enfrascan taxonómicamente en un contexto inalterable. Guanajuato(o lo que se exalta de él(No)( lo que se prioriza de él)) se convierte entonces en una babel auditiva, en una suerte de oleaje fonético que irrumpe en la sonoridad de nuestro lenguaje (cerrado en sí mismo hasta que necesite de su mutación para mantener ese recluimiento intacto) y prioriza, de algún modo, la evidente prioridad de aquellos que llegaron buscando la imagen perfecta, y alguien debe dárselas, pues de ello depende todo esto. 
¿Alguien imagina qué tan ojete sería haber traído a ese ansiado Rally solamente a las personas que viven entre esos callejones, que se amontonan unos sobre otros, y por ellos solo pasan esos pies constreñidos (aquellos que han visto de su ventana al ajeno haciendo aquí su propiedad, por unos días, claro, mañana hay otro( siempre lo hay aquí) otro ajeno) y la lluvia estruendosa y fluvial? ¡¿Qué tanto pudiera sufrir la historia de esos ductos subterráneos por donde fluyen los carros (y la luz allí debajo parece expandirse por las paredes derruidas como si se tratase de un manto discreto que esconde las impurezas( algún día, mientras los recorres notas un árbol, una cortina, alguna boca de concreto que enmarca el azul del cielo)) y caminaron las aguas y anduvieron los hombres, si la cultura que nos proveen sus festivales,(que cuesta trabajo contarlos, como las ventanas que visten los cerros) sus asombrosos festivales, que son un ejemplo a lo largo del país si fuera Doña Vergas, la señora que abre la tienda (una de tantas en esa misma calle( que acaba de subir la caja de froot loops otros tres pesos)) todos los días, y los descansos que toma duran un cigarro, y los cigarros que fuma los fuma viendo la calle, saliendo de ese aprisionante mostrador, balbuceando cifras cada minuto (números que se graban en su memoria a través de su repetición( esa que sucede con los niños y las palabras) continúa e ininterrumpida) y tiene dentro de sus ojos cierta ansiedad voraz de ver si no llegan aquellos que se sientan en ese callejón y olvidan su vida de poco a poco (oye carnal no tienes un peso para completar para el cigarro es que ando corto( la neta te voy a fallar carnal, nomás traigo para unas tortillas) tranquilo, no hay pierde) y no hacen más que andar por allí viendo de dónde sacan, a quién le sacan algo, ytodos sacándoles la vuelta, porque (pues no vaya a ser hijo, siempre ten cuidado cuando llegues tarde a tu casa, deja todo lo que no vayas a necesitar porque no vaya a ser la mala(¿no hay manera de que puedas llevar, colgada en tu cuello, tu tarjeta de estudiante para que vean que no hay pedo contigo (Ira compa la neta las cosas se ponen cabronas y no estamos como para dar de tumbos contra el suelo)no hay pierde ma, para la otra les rolo un tabaco y allí queda)) es mejor darles espacio, no vaya siendo la mala?! ¿Cuántas ironías deben encarnarse cuando alguien que no es más que todos los escalones, fragmentados e inmortales, camina por esas sus calles mientras las luces iluminan las fachadas y se escucha en el fondo la cacofonía de la celebración a la cuál nunca perteneció, que de ninguna manera fue pensada en absoluto para él, pues él mismo se ha convertido en el ajeno aglutinante, en el sujeto al que se le invocan las bellezas arbitrariamente y padece por ello de otros miles de ultrajes secretos, normalizados por la cotidianidad que se ha vuelto grotescamente silente, pasiva? ¿Cuántas ironías están siendo encarnadas mientras transitas, como casi todos los días, un bosque de casas a medio pintar, de paredes que se destruyen con el más sutil de los tactos, y de faroles que iluminan celosamente los espacios minúsculos entre las banquetas que terminan a medio andar e inician de nueva forma en una espiral extrañísima y acaban cuando topan con el muro que delimita el final del andar?¿Cuántos discursos acuñados desde la violencia se encarnan cuando estás sentado en un camión descuidado viendo pasar la destrucción en manada, y se posa frente a ti el huracán de color de las banderas que vuelan con este viento tan decidido y todas se sostienen en un arco, que se divide en cuatro más pequeños, que llegan a una fuente, que se muestra débil, y en el techo de los arcos se lee, con letras doradas como el sol matutino "Guanajuato, patrimonio de la humanidad"?

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