Creo que nadie ha comprendido
todavía lo que estoy haciendo, cada que me ven llevando otra hoja, arrastrando
una ramita, todos se me quedan viendo raro, desconcertados, ya se dieron cuenta
que no estoy haciendo otro nido, como lo hicieron todos ellos.
Mi papá dice que es una tontería,
que ya me deje de estas cosas y siga estudiando canto igual que las otras aves
jóvenes, que a los que cantan bonito siempre se los llevan más rápido que a los
demás, ese es el sueño de todos aquí, salir de este lugar; además, aquí, si no
cantas, no hay nada más que hacer, tan solo criar hijos si así lo quieres, hijos que harán
lo mismo. No es que yo sea malo para cantar, es solo que simplemente no es lo
mío, se los dije a mis padres una y otra vez, pero no me escuchan, mi mamá ya
ni siquiera me dirige la palabra.
Yo conozco a alguien que regresó,
mi papá dice que era el mejor cantante que hubo en su tiempo, ahora solo es un
viejo, y según la gente, un viejo loco. Lo regresaron porque dejó de cantar,
esa es la historia que cuenta, que el camino era emocionante, que vio tantas
cosas, y entre ellas, una que le llamó la atención más que las otras, un grupo de aves
haciendo círculos en el cielo, formando una figura siempre cambiante pero siempre ordenada, y en ese
momento deseó volar junto con ellos, que la corriente de aire que sentía no se desperdiciara, tan solo estaba esperando el momento en
que abrieran esa pequeña reja, era su único obstáculo, pero la única vez que la abrieron, fue para entrar a otra tan solo un poco más grande, una dorada y
brillante. Él dice que entonces, comenzó a cantar siempre que veía pasar a los
gigantes, para ver si a cambio lo liberaban, pero ellos tan solo se limitaban a
traerle más y más comida, y el momento que esperaba nunca llegó, y cuando
comprendió que nunca iba a llegar, dejó de cantar. Fue entonces cuando regresó, o creo que sería más correcto decir que lo regresaron, con nosotros, desde ese día nadie lo ha vuelto a escuchar entonar una sola nota.
Es por eso que la gente dice que está loco, algunos no creen que lo que dice
sea verdad, otros dicen que afuera, cualquier cosa es mejor que quedarse, pero él dice que odió cada segundo de su vida ahí dentro.
Yo le creo, tal vez ciegamente,
pero me gusta tener esa esperanza de que hay otros como nosotros que son
libres, que pueden volar en un cielo inmenso, y conocer cientos de lugares
diferentes, cantar solo si ellos quieren, esperanza de un día poder ser como
ellos. Pero nadie quiere ayudarme, me han dicho que la única forma de salir es
ser buen cantante, porque volando no se puede, mi papá me contaba historias de
compañeros suyos que tomaban valor y trataban de irse volando, pero que aún en
lo más alto, seguían estando esas placas que hacen que distorsionan la imagen
de afuera y hacen que se vea borroso, al principio pensaba que me las contaba
para demostrarme que aún algunos de nosotros tenían esa fuerza para seguir
tratando, pero ahora que lo pienso creo que era para que fuera perdiendo la
esperanza.
Ahora que lo pienso, tal vez es por causa de ese desconocimiento del mundo de afuera que nadie quiere creerle al viejo, que esas manchas borrosas que son los límites de este lugar cada quien las ha interpretado de manera distinta, y por eso cada quien se imaginó el mundo que quiso, y ese mundo choca con el que cuenta aquel viejo que ya lo ha conocido.
Yo no entiendo cuál es su
complicación, como todos han comprobado, no es posible irse volando, por eso yo
no voy a irme volando, pero tampoco cantando, yo voy a irme navegando. Para eso
es que estoy juntando ramitas, paja y algunas hojas, voy a construir un barquito. No sé
por qué los demás se sorprenden tanto cuando les cuento mi idea, y nadie quiere
ayudarme, pero a mí no me importa si me tengo que ir solo, yo ya no puedo
esperar a conocer lo que hay detrás de los rectángulos borrosos, sentir las
maravillosas corrientes de aire, a ver de lejos esas jaulas brillantes, a
conocer por fin a los gigantes sin plumas.
-Omar Cancino Robles
-Omar Cancino Robles
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