Por Omar Cancino Robles
"Solo hay dos tipos de actor: Los actores en formación y los actores en deformación."
-Maestro Luis de Tavira
Me parece interesante que al recordar las clases de teatro que llevamos en el CEDART en primer año, solo me viene a la mente la segunda parte de esa frase. Durante la mayor parte de todo el primer año, llevamos clases con una maestra que ha defendido sus posturas con el único argumento de decir que no se puede decir que ella no comprende el teatro porque lleva muchos años haciéndolo. Y no estoy seguro si ella misma era consciente del programa que se supone debíamos seguir en la materia, ni yo tampoco, en el año y medio que llevo en la institución no ha llegado a mis manos un programa... en fin, mis exámenes teóricos tenían el título de "actuación" y en mi horario decía "introducción al teatro".
Muchas personas de mi clase me han llamado de mente cerrada por el hecho de que en esas clases yo usualmente dejaba de poner atención, o a ratos me pasaba criticando los conceptos y conocimientos que la maestra exponía, me preguntaban por qué no hacía el esfuerzo de entenderlos, pero lo que ellos no parecían ver era que sí los comprendía, solo que me parecían ridículos. Uno de los mayores problemas era que todo cuanto la maestra suponía enseñarnos contradecía lo que había yo aprendido previamente con mis compañeros y maestros en LATEN (Laboratorio de Arte Teatral y Escénico de Nayarit), casa de la compañía teatral a la que pertenezco y donde llevo casi dos años de desarrollo en distintas áreas, pero principalmente el teatro. Por supuesto que se nos ha recordado ahí que nadie tiene el conocimiento y la razón absoluta en estos temas, que cada quién tiene sus métodos que aprendió y con los cuales enseñará, pero también nos han enseñado a desechar todo cuanto creamos que no nos es útil.
De cualquier modo no lograba recordar mucho de algunas de las clases, ya que algunas eran dedicadas a técnicas de relajación, donde nos recostábamos con los ojos cerrados y soltábamos el cuerpo, si suena igual a lo que usualmente se hace en la cama antes de dormir, es porque lo es, el cuerpo reacciona entonces como siempre lo hace ante esa situación, es la señal con que el cerebro entiende que es hora de dormir, y pronto uno deja de percibir el fuerte olor a perfume que inunda todo lugar por donde pasa esa maestra, deja de escuchar su voz diciendo que imagines un campo de flores, o el paisaje que se le ocurra en la ocasión para terminar cayendo en el propio campo onírico, en donde a veces incluso prevalece la imagen de esa maestra.
De uno de sus discursos más interesantes ya había hablado antes, y otro que me ha causado un poco de gracia decía que la comedia era lo más fácil de hacer en el teatro, ya que tenía tintes de todo, pero después ver a la maestra demostrarnos su actuación cómica de una noticia, no estoy seguro de que la pobre haya podido diferenciar entre cuándo la gente se ríe por su chiste o por lo malo del mismo. A mi parecer, la comedia es de lo más difícil que hay, para comenzar el humor no tiene mucho sentido biológicamente hablando, y cada persona tiene un humor diferente, no es como el drama, en donde es más fácil conectar con la gente porque usualmente todos hemos vivido experiencias similares a las presentadas (¿Quién no ha tenido un pleito, o sufrido por amor, o ha perdido un ser querido?).
En cada clase, otros conceptos e ideas como aquellos nos son enseñados, y se nos es dicho que de eso trata el teatro, que es así como funciona, y las mentes inexpertas que apenas comienzan a adentrarse a este mundo asienten y toman aquellos conocimientos para volverlos suyos, creando así más generaciones de, si se me puedo dar el lujo de llamarlos de esa forma, actores deformados, quienes ya no suben al escenario con la intención de decirle algo al público, sino con la intención de entretenerlos a cambio de un poco de ese dulce sonido que producen las palmas al juntarse, que al final no viene a valer nada, ya que la mayoría de las personas que aplauden se encuentran ahí por obligación, y por la misma aplauden, o algunos son seres cercanos a quien se presenta, que aplauden tan solo por ver a su conocido aparecer en escena, porque como lo dijo el maestro Luis de Tavira, nos volvemos consumidores de nuestro propio producto, eso se evidencia siempre en las presentaciones que tenemos en CEDART, el público siempre consta de los mismos alumnos y maestros, suma a algunos amigos y familiares, pero al momento en que los participantes dan las gracias, nada de aquello importa, mientras la euforia está ahí, mientras hacen una reverencia ya carente de humildad, en ese momento, la ovación se siente como probar la gloria misma.
He escuchado a la maestra quejarse de que los alumnos de tercero, aquellos que acaban de salir, ella dice que sienten que ya lo saben todo, que dejaron de aprender y obedecer, ¿pero no es esa una crítica? Ella misma nos ha dicho que la crítica es mala, pero si ellos piensan que ya aprendieron lo suficiente, entonces ¿quién es ella para cuestionarlos? Me parece algo casi poético, pero al mismo tiempo me avergüenza la ironía del hecho de que esos alumnos que ya son fruto de la enseñanza del CEDART, se hayan convertido ahora en un problema para quienes los (de)formaron desde el principio, porque sé que bien pudieron haber contribuido a la cultura de la región de haber sido llevados por buen camino, ya que por más talento que se tenga, si no es bien canalizado, se puede ir a la basura.
Esto ha comenzado a ocurrir en la especialidad de teatro con nosotros, al ver la maestra improvisaciones (que por cierto, según los términos de la maestra, una improvisación no podría ser teatro, porque para que algo sea teatro es imprescindible un texto) siempre ella aplaude la exageración en la que constantemente caen muchos de mis compañeros, corrigiendo solamente detalles técnicos como la voz, dar la espalda, etc., que aunque importantes, no lo son todo en una actuación, esto ha provocado que esos compañeros se encasillaran en cierto papel, con ciertas modificaciones claro está, pero siempre lo mismo, y es una constante sobreactuación que podría ser fácilmente comparada con telenovelas y otros programas basura, programas que incluso llegan a usar en sus representaciones no como farsa, sino como un referente en el que se de verdad basan. Se han incluso premiado comportamientos por los que se nos hubiera reprimido fuertemente en mi compañía de teatro.
Fue hasta que comencé a vivir estas clases de teatro cuando comprendí por fin la causa de la calidad que tenían las puestas en escena presentadas, a menudo siendo trabajos descuidados, con una actuación muy pobre, una gran cantidad de elementos innecesarios y que simplemente han llegado a caer en lo aburrido. Pues los procesos que se llevan para estas obras se van más por un camino superficial, sin entrar de lleno en lo que es la obra, su discurso, las características del personaje.
No todo el año hemos tenido estas clases, la mitad del curso nos fue impartido por otra persona, que, aunque mejor maestro, falló en retener la atención de sus alumnos, pues era fácil perderse en sus discursos tan largos, y si te perdías algo, era más fácil simplemente comenzar a hacer otra cosa que seguir el hilo de lo que se decía, una pena, pues usualmente trataba asuntos interesantes. Con él fue la primera experiencia en una puesta en escena que tuvieron muchos, pero el trabajo consistía en que, dividido el grupo en dos, cada equipo tenía que montar su obra, decidir los puestos de cada quién, elegir el texto... todo en general, y lo que se evaluaría sería nuestra capacidad de trabajo en equipo. Al principio todo fue un fracaso, se votaron primero los textos y se eligió una obra extensa, que debíamos recortar a 20 minutos máximo, después vino el problema con la dirección, muchos no estuvieron de acuerdo y hubo conflictos internos, al final terminé siendo yo quien dirigiría la obra, y como mi asistente uno de mis compañeros que también está en mi compañía, y pensé que podríamos utilizar nuestra experiencia para guiar a nuestros compañeros.
Mi intención era darles una pequeña clase muy condensada que les diera más noción, pero ya que estuvimos ocupados con el texto, con audición para ver quién entendía un poco más el asunto de la actuación, peleas por el elenco, nunca se llegó a hacer. Los resultados de las audiciones me parecieron muy interesantes, pues nunca había visto que ante esos ejercicios se dieran tales reacciones. En el primer ejercicio fue de dos personas, se encuentran viendo una película, "A comienza a tocar la tela de la ropa de B", la instrucción fue que "B" solo podía decir "¿Qué estás haciendo?", y la única línea de A era "Estoy tocando tu tela". Se les indicó que podían darle el sentido que ellos quisieran, podían hacer lo que sea mientras no se salieran de la línea, pero la mayoría se fue a lo morboso y algunos no se complicaron la vida y solo hicieron las acciones marcadas de manera inexpresiva para proceder a mirarnos y hacer ese movimiento con los hombros indicando un "¿y ahora qué?", rompiendo completamente con la escena. Por supuesto estuvieron los que ignoraron nuestra indicación y continuaron con líneas que ellos iban pensando, y por supuesto, eso se hace en muchas improvisaciones, pero no fue lo que se indicó.
El segundo era más sencillo, la indicación era, entras a tu casa con mucha sed, ves un vaso de agua y te lo tomas. Algunos de ellos efectivamente entraron y se pusieron cómodos como harían en su casa, se percatan del vaso y lo toman con cierta ansia por calmar la sed. Pero hubo uno que aventó la puerta contra la pared, para proceder a entrar arrastrándose por el piso diciendo con voz ahogada "agua, agua", hasta llegar al vaso y beber el líquido que lo transforma en un hombre completamente saludable de nuevo (por cuestiones de desacuerdos, terminó siendo el protagonista de la obra, un chico esquizofrénico y hasta cierto punto maniático, y nunca más salió de ese papel). Otra, al entrar, en vez de comenzar, nos preguntó que en qué forma debía hacerlo, le dijimos confundidos que como quisiera, la primera vez no recuerdo qué hizo, pero me parece que se arrepintió y salió por la puerta pidiendo comenzar otra vez; esta vez entró dando una mirada completamente sugestiva al vaso en cuestión, acercándose lentamente y tomándolo con una impresión de que lo quería para todo menos para tomar agua. Esa es la percepción que hasta la fecha nadie ha intentado cambiar de actuación que tienen mis compañeros, y me declaro culpable también de no haber hecho algo significativo por ellos cuando tuve la oportunidad de dirigir. Fue cambiado al final el texto porque no logramos adaptarlo, tuvimos que montar en dos días y en nuestra primera función nos fue bastante bien, fue solo para el salón. Después el protagonista quiso presentarla de nuevo, esta vez para toda la escuela, en un entorno abierto y donde no podíamos usar la iluminación y los trazos tenían que cambiarse... fue un fracaso.
El CEDART es una de las pocas instituciones que ofrece una formación artística aquí en el estado, aunque ese no sea su objetivo en realidad, y es ahí de donde saldrán muchos futuros actores, ¿qué podemos esperar de algo que de por sí es tan olvidado como lo es la cultura? Muchas han sido las veces que nos hemos quejado por malos maestros aquí, y nunca nos han hecho caso, se escudan en que no hay más a quien poner en el puesto, en que no son ellos quienes eligen, y terminan haciendo el mismo caso que harían a una mosca, molesta, pero tarde o temprano se va. El problema es que el grupo es tan conformista que prefiere su calificación antes que su educación, así ignorando nuestras propuestas para hacer que nos escuchen. Por más que el CEDART no trate de formar artistas, se debe reconocer que la gran mayoría de los que están en esta escuela van por ese camino, y esa actitud es completamente contraria a lo que un artista buscaría, pero son pocos los que en verdad buscan tener una buena educación aquí, porque en el área académica deja también mucho qué desear, pero simplemente se niegan a escucharnos, porque aquí si no somos todos no es ninguno.
Me decepciona ver tanto talento y tantas ganas verse deformados por personas como estas. No es un punto a favor que la mayoría de los maestros no tenían su carrera en artes escénicas terminada, y que casi todos fueron rechazados al principio en el examen para iniciar una licenciatura de nivelación, me parece que solamente cuatro personas del estado habían quedado inicialmente, tres de ellos han sido maestros míos, y no del CEDART. No es sorpresa entonces que la mayoría de los egresados de la escuela hayan sido rechazados en universidades, es apenas la primera generación que sale, y la primera generación da mucho de qué hablar sobre una escuela. Si nuestra primera generación es de actores soberbios que sienten que no tocan el suelo, entonces ¿qué nos depara a nosotros?, o peor, ¿a la cultura en general?
Lo que nos depara a los de la especialidad de música, es que tenemos que tocar para una obra escrita y dirigida por esa misma maestra, la alternativa es no aprobar violín.
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