11/30/2015

Nicolás Echevarría y el Cine Documental

Por Omar Cancino Robles

Revisa la cartelera de cine, o recuerda la última vez que fuiste. ¿Recuerdas haber visto alguna película mexicana por ahí? Claro, podrías responder, ¿Acaso no viste Guardianes de Oz? ¿Y que no hace mucho tiempo No hay devoluciones fue todo un éxito? Sí, pero eso es por la imparable difusión que estas casas productoras tienen en nuestro país, pero son un claro ejemplo de las películas que predominan hoy día en el cine, películas que podríamos llamar, sin un pelo de mentira, mediocres.

Estamos en una era en donde los grandes talentos del cine tienen que salir de nuestro país para poder materializar sus planes. Ahí tenemos al reciente ganador del óscar, Iñarritu, que si bien hizo un par de películas muy dignas de verse aquí en México, como Amores Perros o  Babel, tuvo que salir para lograr su más grande creación, un discurso filosófico que nos muestra los problemas del mismo cine y el reconocimiento y fama del actor, película que le mereció el óscar, Birdman. Cuarón, Del Toro, los hemos visto en ambiciosos proyectos en la pantalla grande en estos últimos años, incluso uno de ellos está en cines,  La Cumbre Escarlata, pero ninguno de esos fue hecho en México, aquí no hubiera sido posible.

Hace un tiempo, el cine era propiedad del estado, si querías filmar una película, tenías que hablar con ellos, y eran ellos mismos quienes controlaban qué película se exhibía en los cines. Para crear una película, los cineastas tenían que hablar con el sindicato para que el proyecto pasara y se entregara el presupuesto. Por esas épocas, el sindicato era muy cerrado, conformado en su mayoría por gente mayor, era difícil que pudieras realizar una ficción, pues la mayoría de los proyectos autorizados eran documentales, y muchos de los que eran por encargo eran propaganda política, por eso el documental fue el que prosperó por delante de la ficción. De esta generación de documentalistas nació Nicolás Echevarría, uno de los talentos que aún tenemos por aquí, y que recientemente tuve la suerte de conocer.

Echevarría es un director que lleva más de 40 años haciendo cine, ha sido responsable de una serie de documentales muy interesantes como Eco de la Montaña, El niño Fidencio o Poetas Campesinos, y una película de ficción, Cabeza de Vaca, que tuvo un gran éxito en muchos países, a excepción claro, de México. El director se orilla mucho a un estilo que pretende dejar que la imagen hable por sí misma, sin la necesidad de un narrador que explique lo que pasa, sino que sean los hechos los que den a entender todo lo que pasa, y eso podemos notarlo incluso en su película de ficción. La semana pasada el maestro vino a mi ciudad a impartir un taller de cine documental al que pude asistir, en donde mis compañeros y yo tuvimos también la oportunidad de ver algo de su trabajo y aprender sobre su realización.

Cuando vemos un documental, una de las cosas que se nos viene a la mente es que no todo lo que aparece en él es cien por ciento real, que no puede haber una completa objetividad, es una duda que usualmente nace, pues sabemos que la vida cambia cuando tienes en frente una cámara. Pues bien, aunque los documentales son mucho más fáciles que las ficciones, por el simple hecho de que en una ficción se procura representar algo, crear la situación, y en un documental  se busca captar la esencia de una situación que sucede realmente, además existe una enorme diferencia en la cantidad de personal que se utiliza, en un documental puedes tener un equipo de alrededor de cinco personas y hacer un trabajo excelente; no nos damos cuenta de cuan impregnada de la voluntad del director están los documentales, incluso el mismo maestro nos mencionó que es inevitable que el documental tenga cierto grado de ficción, ya que el director usualmente llega con una idea preconcebida de cómo quiere que luzcan ciertas escenas.

Un ejemplo de lo anterior dicho es Poetas Campesinos. Hace años, el maestro Nicolás era encargado de llevarles el cine a pequeños poblados en zonas rurales, lugares en donde ni siquiera la televisión existía. Llevaba en su camioneta todos los elementos necesarios para montar su pequeño cine en las plazas de la ciudad, y en esas plazas se reunían niños, adultos, jóvenes, en realidad se podía encontrar a casi todo el pueblo en estas funciones, cada persona sacaba una silla de su casa para tener dónde sentarse, y se la llevaba a la plaza para disfrutar un momento de un evento que los sacaba de su cotidianidad, llegaban multitudes a presenciar la novedad que era la película, novedad para ellos por supuesto.  Entonces, a un joven Nicolás le tocó tener que quedarse a descansar muchas noches en su camioneta, y en una de esas muchas noches, no lo dejó descansar un intenso barullo que provenía de fuera, cuando salió a revisar la fuente de tal interrupción de su sueño, se encontró con un espectáculo nocturno iluminado por el fuego de antorchas y las sonrisas de la gente, era un espectáculo de circo, con los mismos residentes del lugar al que había llegado; payasos, acróbatas, equilibristas, una sarta impresionante de talentos montado en un pueblo y un escenario paupérrimo, fue ahí que le nació el deseo de inmortalizar ese pequeño circo de pueblo. Le tomó cinco años de pedirle al sindicato el presupuesto para la filmación para que por fin lo  autorizaran.  Finalmente, cuando tuvo el dinero, equipo y personal necesario, partió hacia el pueblo, para encontrarse tan solo con que el circo se había separado ya hacía tiempo. ¿Con qué cara diría el maestro al sindicato que el proyecto que con trabajos aceptaron no puede realizarse ya? Echevarría entonces se dio a la tarea de ir a buscar a todos y cada uno de los antiguos miembros que conformaban el circo y convencerlos de presentar el espectáculo juntos una vez más, lo cual, fue un fracaso. Al parecer todos se habían enojado por problemas de dinero y no tenían la más mínima intención de tratar de nuevo a sus viejos compañeros, pero no fue ese el final de la película; Nicolás Echevarría grabó a cada integrante por separado, en una locación del poblado elegida por él, y de día, ya que la iluminación de noche era una gran problema en ese entonces. Algunos de los miembros no fueron difíciles de convencer,  pero para otros se necesitó de una igual cantidad de súplica como de alcohol en su sistema. Una vez hubo grabado a todos, lo montó en su película como un solo espectáculo, con tomas incluso del mismo público. Una de las sorpresas con que se encontró fue que algunos de los que integraban el ya desaparecido circo, habían enseñado a sus hijos a hacer lo que ellos hacían antes, y fueron los hijos quienes participaron en la filmación.

Otro ejemplo, aunque no tan marcado, es el de El Niño Fidencio, en donde se muestra la celebración de este tan enigmático personaje. El Niño Fidencio era un joven que, según se decía, podía curar cualquier mal con tan solo algunos instrumentos poco comunes para la medicina, y lo hacía en el nombre de Dios, lo cual tal vez fue la causa de que la iglesia católica estuviera en contra de que lo admiraran. Personas con enfermedades y dolencias de todo el país acudían a visitarlo año con año, incluso un presidente de la república fue a verlo una vez, hasta que él predijo su inminente fallecimiento, y al poco tiempo así se cumplió. La realidad es que muchos de los atendidos por él murieron, pero la cantidad fue sobrepasada por los que salvó, y eso le bastó para ganar tal fama. Después de su muerte, comenzaron a organizarse estas grandes celebraciones en su honor: dos veces al año decenas de personas se reúnen en el pueblo, de otra forma desierto, en que vivía el Niño Fidencio, y mucha gente hace curaciones del índole espiritual, ahora en su nombre; van personas andando de rodillas, otras rodando por el suelo, otras entonando cantos en su honor, uno de los más grandes ejemplos de un trance colectivo; el maestro comenta que es un estado que, aunque no creas en ese tipo de rituales, se contagia, y la película, al igual que su director, está contagiada de este trance. La cuestión con esta filmación, es que había tanto que ver y experimentar en estas fechas, que al maestro Nicolás no le bastó con un solo viaje para retratar todo lo que quería, y regresó en las fiestas siguientes para continuar grabando, y al igual que con Poetas Campesinos, lo editó como si todo hubiera pasado en una sola ocasión.

Aunque Cabeza de Vaca no es un documental, está basado en una historia real, pero los rituales de los chamanes nunca son mencionados en los libros escritos por el explorador, así que el maestro decidió inventar los propios, como por ejemplo amarrar una cuerda a un mayate que después de tratar de huir desesperadamente termina decapitado, basándose en una costumbre de los niños de la región, pero el mayate en cuestión no fue buen actor, así que desecharon la idea y optaron por utilizar una iguana. En muchas ocasiones las historias detrás de estas producciones son casi tan interesantes como la película en sí, y a pesar de ello no tenemos la curiosidad de por lo menos ver el cine de calidad que se presenta en festivales y de vez en cuando en cines, si seguimos a este paso, continuaremos viendo el talento escaparse y triunfar en otros lados, si no nos volvemos público de estos cineastas, el panorama será el mismo, donde el estado apoya estas producciones, pero no recupera absolutamente nada y estas películas no triunfan, no por falta de calidad, porque la tienen, y aún así, sabemos que no es del cien por ciento necesaria para que una producción sea exitosa, sino que no triunfan por falta de difusión y exhibición. El maestro Nicolás, por ejemplo, está en intenciones de filmar una ficción sobre el Tigre de Álica, pero aún con el guión terminado, no encuentra oportunidad.


Cuatro Lunas, La Tirisia, La Delgada Línea Amarilla, Matando Cabos, Canoa, Pastorela para las fiestas, películas de gran calidad y llenas de talento, y solo son conocidas por un círculo muy reducido de personas. Los invito a que cada que tengan oportunidad, vayan a ver cine mexicano, que aprovechen, que la mayoría de las veces que se presenta, es gratis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario