Por Omar Cancino Robles
Revisa la cartelera de cine, o
recuerda la última vez que fuiste. ¿Recuerdas haber visto alguna película
mexicana por ahí? Claro, podrías responder, ¿Acaso no viste Guardianes de Oz? ¿Y que no hace mucho
tiempo No hay devoluciones fue todo
un éxito? Sí, pero eso es por la imparable difusión que estas casas productoras
tienen en nuestro país, pero son un claro ejemplo de las películas que
predominan hoy día en el cine, películas que podríamos llamar,
sin un pelo de mentira, mediocres.
Estamos en una era en donde los
grandes talentos del cine tienen que salir de nuestro país para poder
materializar sus planes. Ahí tenemos al reciente ganador del óscar, Iñarritu,
que si bien hizo un par de películas muy dignas de verse aquí en México, como Amores Perros o Babel, tuvo que salir para
lograr su más grande creación, un discurso filosófico que nos muestra los
problemas del mismo cine y el reconocimiento y fama del actor,
película que le mereció el óscar, Birdman.
Cuarón, Del Toro, los hemos visto en ambiciosos proyectos en la pantalla grande
en estos últimos años,
incluso uno de ellos está en cines, La Cumbre Escarlata, pero ninguno
de esos fue hecho en México, aquí no hubiera sido posible.
Hace un tiempo, el
cine era propiedad del estado, si querías filmar una película, tenías que
hablar con ellos, y eran ellos mismos quienes controlaban qué película se
exhibía en los cines. Para crear una película, los cineastas tenían que hablar
con el
sindicato para que el
proyecto pasara y se
entregara el
presupuesto. Por esas épocas, el sindicato era muy cerrado,
conformado en su mayoría por gente mayor, era difícil que pudieras
realizar una ficción,
pues la mayoría de los proyectos autorizados eran documentales, y muchos
de los que eran por encargo eran propaganda política, por eso el documental fue
el que prosperó por delante de la ficción. De esta generación de
documentalistas nació Nicolás Echevarría, uno de los talentos que aún tenemos
por aquí, y que recientemente tuve la suerte de conocer.
Echevarría es un director que
lleva más de 40 años haciendo cine, ha sido responsable de una serie de
documentales muy interesantes como Eco de la
Montaña, El niño Fidencio o Poetas Campesinos, y una
película de ficción,
Cabeza de Vaca, que tuvo un gran éxito en muchos países, a
excepción claro,
de México.
El director se orilla mucho a un estilo que pretende dejar que la imagen hable
por sí misma, sin la necesidad de un narrador que explique lo que pasa, sino
que sean los hechos los que den a entender todo lo que pasa, y eso podemos notarlo
incluso en su película de ficción. La semana pasada el
maestro vino a
mi ciudad a impartir un taller de cine documental al que pude asistir, en donde
mis compañeros y yo tuvimos también la oportunidad de ver algo de su trabajo y
aprender sobre su realización.
Cuando vemos un documental, una
de las cosas que se nos viene a la mente es que no todo lo que aparece en él es
cien por ciento real, que no puede haber una completa objetividad, es una duda
que usualmente nace, pues
sabemos que la vida cambia cuando tienes en frente una cámara. Pues
bien, aunque los documentales son mucho más fáciles que las ficciones, por el
simple hecho de que en una ficción se procura representar algo, crear la
situación,
y en un documental se busca
captar la esencia de una situación que sucede realmente, además existe
una enorme diferencia en la cantidad de personal que se utiliza, en un documental
puedes tener un equipo de alrededor de cinco personas y hacer un trabajo
excelente; no nos damos cuenta de cuan impregnada de la voluntad del director están
los documentales, incluso el mismo maestro nos mencionó que es inevitable que
el documental tenga cierto grado de ficción, ya que el director usualmente
llega con una idea preconcebida
de cómo quiere que luzcan ciertas escenas.
Un ejemplo de lo anterior dicho
es Poetas Campesinos. Hace años, el
maestro Nicolás era encargado de llevarles el cine a pequeños poblados en
zonas rurales, lugares en donde ni siquiera la televisión existía. Llevaba en su
camioneta todos los elementos necesarios para montar su pequeño cine en las
plazas de la ciudad, y en esas plazas se reunían niños, adultos, jóvenes, en
realidad
se podía encontrar a casi todo el pueblo en estas funciones, cada
persona sacaba
una silla de su casa para tener dónde sentarse, y se la llevaba a la plaza
para disfrutar
un momento de un evento que los sacaba de su cotidianidad,
llegaban multitudes a presenciar la novedad que era la película, novedad
para ellos por supuesto. Entonces, a un
joven Nicolás le tocó
tener que quedarse a descansar muchas noches en su camioneta, y en
una de esas muchas noches, no lo dejó descansar un intenso barullo que provenía
de fuera, cuando salió a revisar la fuente de tal interrupción de su sueño, se
encontró con un espectáculo nocturno iluminado por el fuego de antorchas y las
sonrisas de la gente, era un espectáculo de circo, con los mismos
residentes del lugar al que había llegado; payasos, acróbatas, equilibristas,
una sarta impresionante de talentos montado en un pueblo y un escenario
paupérrimo,
fue ahí que le nació el deseo de inmortalizar ese pequeño
circo de pueblo. Le tomó cinco años de pedirle al sindicato el
presupuesto para la filmación para que por fin lo autorizaran. Finalmente, cuando tuvo el dinero, equipo y
personal necesario, partió hacia el pueblo, para encontrarse tan solo con que
el circo se había separado ya hacía tiempo. ¿Con qué cara diría el maestro al
sindicato que el proyecto
que con trabajos aceptaron no puede realizarse ya? Echevarría entonces
se dio a la tarea de ir a buscar a todos y cada uno de los antiguos miembros
que conformaban el circo
y convencerlos de presentar el espectáculo juntos una vez más, lo cual, fue un
fracaso. Al
parecer todos se habían enojado por problemas de dinero y no
tenían la más mínima intención de tratar de nuevo a sus viejos compañeros, pero
no fue
ese el final de la película; Nicolás Echevarría grabó a cada integrante por
separado, en una locación del poblado elegida por él, y de día, ya que la
iluminación de noche era una gran problema en ese entonces. Algunos de los
miembros no fueron difíciles de convencer,
pero para otros se necesitó de una igual cantidad de súplica como de
alcohol en su sistema. Una vez hubo grabado a todos, lo montó en su película
como un solo espectáculo, con tomas incluso del mismo público. Una de las
sorpresas con que se encontró fue que algunos de los que integraban el ya
desaparecido circo, habían enseñado a sus hijos a hacer lo que ellos hacían
antes, y fueron los hijos quienes participaron en la filmación.
Otro ejemplo, aunque no tan marcado,
es el de El Niño Fidencio, en donde se muestra la celebración de este
tan enigmático personaje. El Niño Fidencio era un joven que, según se decía,
podía curar cualquier mal con tan solo algunos instrumentos poco comunes para
la medicina, y lo hacía en el nombre de Dios, lo cual tal vez fue la causa de
que la iglesia católica estuviera en contra de que lo admiraran. Personas con
enfermedades y dolencias de todo el país acudían a visitarlo año con año,
incluso un presidente de la república fue a verlo una vez, hasta que él predijo
su inminente fallecimiento, y al poco tiempo así se cumplió. La realidad es que
muchos de los atendidos por él murieron, pero la cantidad fue sobrepasada por
los que salvó, y eso le bastó para ganar tal fama. Después de su muerte,
comenzaron a organizarse estas grandes celebraciones en su honor: dos veces al
año decenas de personas se reúnen en el pueblo, de otra forma desierto, en que
vivía el Niño Fidencio, y mucha gente hace curaciones del índole espiritual, ahora
en su nombre; van personas andando de rodillas, otras rodando por el suelo,
otras entonando cantos en su honor, uno de los más grandes ejemplos de un
trance colectivo; el maestro comenta que es un estado que, aunque no creas en
ese tipo de rituales, se contagia, y la película, al igual que su director,
está contagiada de este trance. La cuestión con esta filmación, es que había
tanto que ver y experimentar en estas fechas, que al maestro Nicolás no le
bastó con un solo viaje para retratar todo lo que quería, y regresó en las
fiestas siguientes para continuar grabando, y al igual que con Poetas
Campesinos, lo editó como si todo hubiera pasado en una sola ocasión.
Aunque Cabeza de Vaca no es un
documental, está basado en una historia real, pero los rituales de los chamanes
nunca son mencionados en los libros escritos por el explorador, así que el
maestro decidió inventar los propios, como por ejemplo amarrar una cuerda a un
mayate que después de tratar de huir desesperadamente termina decapitado,
basándose en una costumbre de los niños de la región, pero el mayate en
cuestión no fue buen actor, así que desecharon la idea y optaron por utilizar
una iguana. En muchas ocasiones las historias detrás de estas producciones son
casi tan interesantes como la película en sí, y a pesar de ello no tenemos la
curiosidad de por lo menos ver el cine de calidad que se presenta en festivales
y de vez en cuando en cines, si seguimos a este paso, continuaremos viendo el
talento escaparse y triunfar en otros lados, si no nos volvemos público de
estos cineastas, el panorama será el mismo, donde el estado apoya estas
producciones, pero no recupera absolutamente nada y estas películas no
triunfan, no por falta de calidad, porque la tienen, y aún así, sabemos que no
es del cien por ciento necesaria para que una producción sea exitosa, sino que
no triunfan por falta de difusión y exhibición. El maestro Nicolás, por
ejemplo, está en intenciones de filmar una ficción sobre el Tigre de Álica,
pero aún con el guión terminado, no encuentra oportunidad.
Cuatro Lunas, La Tirisia, La Delgada
Línea Amarilla, Matando Cabos, Canoa, Pastorela para las fiestas, películas de gran calidad y llenas de talento, y solo
son conocidas por un círculo muy reducido de personas. Los invito a que cada
que tengan oportunidad, vayan a ver cine mexicano, que aprovechen, que la
mayoría de las veces que se presenta, es gratis.
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