Por Omar Cancino Robles
"La crítica es, en todos sus sentidos, incorrecta e indebida. ¿Cómo podremos nosotros, que
no sabemos lo que pasa en la mente de nuestros semejantes, nosotros que no
conocemos su percepción del mundo, mostrar desagrado o señalar como incorrecto algo
que él ha realizado? Cada cabeza es un mundo, y un mundo el cual no somos quién para juzgar. Se sobreentiende entonces, que no
tenemos nosotros el derecho de criticar una actuación
que hemos presenciado, o un cuadro por un pintor, un libro que recién terminas de leer, o el arte en general."
Comencemos entendiendo que lo apenas mencionado es una contradicción en
sí misma y un acto defensivo, si la crítica nació de la cabeza de alguien, la cual es un mundo en sí, ¿cómo podemos entonces calificarla como algo negativo? ¿Entonces no sería esa una crítica también? Ya hemos violado dos veces lo que acabamos de decir, tenemos una paradoja interminable. En segundo lugar, los argumentos presentados son completamente irracionales, por la
razón de que a la par de justificar una actuación mediocre o una mala canción, de la
misma forma justificaría las acciones de un asesino o violador. Lo anterior es una paráfrasis de algo que nos fue enseñado en una supuesta clase de teatro de la escuela a la que asisto en las mañanas (en el primer año llevas materias de todas las especialidades, después, aleluya, me fui a música).
Por supuesto, yo no
soy quién para juzgar lo que puede ser arte y lo que no lo es, por la simple razón de
que mi deliberación se ve en todo caso enormemente nublada por mis gustos
singulares, que no serán nunca los mismos de la gente que se encuentra cerca mío,
o del mismo autor responsable de haber creado la obra que presenciamos, pero
pienso que todos podemos concordar en que hay veces que algo simplemente se
siente... fuera de lugar, no solo porque la obra no sea de nuestro agrado, simplemente hay algo
que nos deja un mal sabor, y hay veces que logramos identificarlo, pero otras veces
no terminamos de comprender hasta que aprendemos a nombrarlo. Un claro ejemplo
es el ritmo en una obra, es un elemento fundamental que tiene que ser bien llevado
por los actores y que puede ir cambiando dependiendo de la naturaleza de la
escena, la mayoría del público no sabe lo que es, pero incluso sin saber su nombre
ellos pueden sentir cuando no lo hay; para los músicos y la poesía tal vez está la métrica, en la plástica hay tantas leyes, así como en la literatura hay cientos de
detalles que pueden hacer a un lector incomodarse o sentir que algo no anda bien.
La soberbia del artista
Todo artista es egocéntrico, la propia acción de nuestra auto-proclamación
como tales es prueba suficiente. "soy músico", "soy escritor", "soy actor". Somos
siempre presas de una vanidad que solemos gozar, de la que nunca parecemos
decidirnos a salir, pero que a menudo logramos controlar. Nos gusta que nuestro
trabajo sea visto, que sea apreciado, elogiado, y a algunos, criticado, para eso es que lo hacemos ¿no?. Es solo
que a muchas personas no les gusta escuchar esa verdad. Hace un tiempo tuve una
discusión por eso con una persona. Me pareció interesante la forma en la que
defendía con uñas y dientes que la escritura debía ser tan solo lo que dictaba el
corazón, cuando yo solo le recomendé que podría comenzar a incorporar la métrica
a sus poemas, ya que a la mente humana le agrada más cuando se usa esta en un
poema. Por más que se quiera, el verso jamás será completamente libre, es por eso
que a mí me cuesta algo de trabajo y prefiero la prosa literaria, mientras que él al
escribir cuadrando su poema con rimas, se había adentrado ya en el verso. El punto al que quiero llegar es que, en un intento de poner un ejemplo para que él entendiera de lo que yo le hablaba, pregunté que quién era su poeta favorito, la respuesta que obtuve debió haber sido dolorosamente obvia, solo que en ese momento no la consideré, me respondió su mismo nombre.
Esta experiencia ocurrió en un grupo en la red social Facebook, al cual yo había entrado con la intención de que las personas vieran mi trabajo, que me dieran consejos y me ayudaran a mejorar, pero después de un tiempo descubrí cómo era que funcionaba ese lugar. Las mayoría de las personas que participan ahí no lo hacen con la misma intención que yo, sino que lo hacían únicamente buscando que su obra fuera elogiada y aplaudida, y a cambio, con las demás obras que aparecían publicadas por los demás, hacían lo mismo, ciegamente les hacen cumplidos sin siquiera considerar su valor literario, y así todos viven felices, excepto cuando alguien viene a sacarlos de ese mundo perfecto, y por eso todos en conjunto atacan o simplemente ignoran ese elemento. Cuando por fin me dí cuenta de su pequeña burbuja de dulce, me pareció gracioso, y simplemente salí, me di cuenta de que mi intención en un principio nunca podría ser cumplida en un espacio como ese. Aunque tal vez no podamos prescindir de espacios como este, después de todo, se necesita lugar para saciar la sed de esas personas ¿no? (ahem.. ojos en ti, wattpad)
Es ese el problema cuando
comenzamos a dejarnos llevar por la soberbia y el ego, nos cerramos a la crítica o
sugerencias que nos hubieran servido para mejorar, comenzamos a creer que esos
cumplidos y elogios que recibe nuestra obra la convierte en la mejor que hay, y si no
hay nadie que nos saque de nuestra fantasía, que nos corrija, no iremos nunca más
allá. Hay quienes han llegado al punto de ignorar todo aquello que les diga que su
obra no es perfecta, porque eso lastimaría su inflado ego.
Es por eso que siempre en nuestra compañía de teatro siempre se nos ha reprimido por tener actitud de "divas", necesitamos aprender a tener esa humildad, esa capacidad de recibir y acoger una crítica para poder mejorar, por supuesto dependiendo del valor de la crítica también, qué es lo que te dice y quién es que te lo dice. Es como mi maestro de violín siempre dice, "es muy fácil acostumbrarse a hacer las cosas mal", si nadie te corrige en lo que te equivocas, ¿cómo esperas superarte?
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